miércoles, 27 de abril de 2011

Tú y un miércoles de abril

Nunca había tardado tan pocas horas en pisar otra vez la estación, en cambiar las lágrimas del adiós por buscar tu cara entre los pasajeros del autobús. Tampoco antes el tiempo y el espacio, conjugando la distancia como sujeto y los kilómetros en el predicado, nos habían dejado ganar la partida en la primera mano.

Sin embargo, hay cosas que no pueden cambiar; tú, yo y la lluvia que se cuela en tu maleta.
No te traigas el paraguas, sabes que eso corre de mi cuenta.


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Suena: la biblioteca, que por mucho que sea biblioteca, nunca está en silencio.
Desde mi ventana: la lluvia cae con fuerza sobre la Cartuja, los coches circulan, sube un C la cuesta de Farmacia. Aunque tal vez sea un U, no estoy del todo segura...

sábado, 23 de abril de 2011

23 de abril

Porque aprendí a leer y no he dejado de hacerlo.

Porque puedo vivir las historias que nunca viviría de no ser por ellos.

Porque releer mis párrafos preferidos no tiene precio.

Porque el olor del papel ya sea antiguo o nuevo, húmedo o seco, es inigualable.

Porque en las bibliotecas siempre me he sentido segura.

Porque puedo pasarme horas en una librería y desesperar a todos ojeando ejemplar tras ejemplar.

Porque su tacto es especial.

Porque encontrar un libro que no haya leído nadie es una reliquia.

Porque defender la dignidad de una novela frente a ese tipo de personas que en su vida ha cogido un libro, se lee un best-seller y se cree toda una autoridad, cuando lo único que hace es destrozarlo y quitarle su esencia, es toda una batalla ferviente.

Porque si pudiera vivir de eso, me pasaría la vida leyendo.

Porque cada vez que veo Sabrina y sus amores envidio al chófer.

Porque, con pena, sé que no seré capaz de leerme todos los libros que quisiera.

Porque mi carta de Reyes era una lista de libros.

Porque para comprar libros nunca estoy en crisis, aunque ¡benditas bibliotecas!

Porque algún día espero ver mi nombre en la contraportada.

Porque podría seguir dando motivos.

Porque hoy es 23 de abril...
















¡FELIZ DÍA DEL LIBRO A TODOS!

viernes, 22 de abril de 2011

Parsimoniosamente, y otros tantos adverbios.

Despacio.
Con la calma que arrojan los primeros rayos de luz, con el silencio de una ciudad que despierta, con las miradas de los más madrugadores aún colgando entre los mechones del pelo, un poco revuelto, un poco más allí que aquí, un poco de desorden que induce al bello caos.

Sin prisas.
Con la seguridad de que cuando llegue, llegará y todo comenzará a ser recuerdo, a ser vacío hecho a base de las palabras que resonarán en su cabeza y que ya no tendrán más existencia que esa, el eco en cada remoto lugar de su cuerpo.

Tranquilamente.
Recorriendo con los ojos del soldado victorioso, sorteando las obras que parecen un campo minado, los viandantes que bien pudieran ser espías del bando enemigo, de la guerra no pactada, distinta del combate al que se entregan las melodías desgarradas de las guitarras de la canción de autor.

Allí.
Donde mana el dulce néctar, la ambrosía que mantiene a los dioses terrenales con vida, el sustento de las noches más frías, el anhelo del amante, donde los besos son más que labios que se superponen entre sí, que se buscan y se encuentran, que se pierden y dibujan cruces en viejos mapas.

Lejos.
A cada paso que da, a cada zancada, a la dirección prohibida que parece señalarle estrepitosamente el sentimiento y que a su pesar desobedece, continuando pie tras pie, sin tropezar más que consigo, con las ganas de dar la vuelta y regresar corriendo a resguardarse con cualquier excusa tonta, que sabe de sobra que no necesita.

Parsimoniosamente.
Así se despide, después de dar los buenos días.

Parsimoniosamente.
Así camina, pasando sobre las aceras.

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Suena: Attraversami il cuore, Paola Turci
Desde mi ventana: blanco y gris.

sábado, 16 de abril de 2011

La ciudad de noche.

La ciudad de noche es más hermosa en los silencios que se comparten, en las miradas que se pierden en los límites de la ropa y las palabras que se pronuncian sin necesidad de ser oídas. La brisa de las horas para las que nunca se sabe si es demasiado tarde o demasiado pronto, se cuela entre los resquicios de la piel, golpeando de frente, susurrando secretos ininteligibles, como rumores que nadie está dispuesto a oír.

Los besos calan hasta donde no llega la piel, se pierden en sinfonías torpes y desordenadas, bellas en su caos, en los sentimientos dormidos que despiertan al tacto de los labios, como vulgares princesas que pasan algo menos de cien años con los ojos cerrados, esperando a quién vaya a rescatarlas del eterno sueño...

Y, arriba en lo alto, la luna contempla todo.

Testigo impasible. Testigo mudo. Testigo ajeno.

Y, abajo, ellos se miran frente a frente.

Sonríen, se ríen y miran cómo la ciudad aún duerme, esperando al príncipe la despierte.

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Suena: She's the one, Robbie Williams

Desde mi ventana: sol que sale tras las nubes, cielo azul grisáceo. Huele a vacaciones.

martes, 12 de abril de 2011

Vuelvo.

Escucho a Ismael mientras pienso que Grice debería haber escrito alguna novela policiaca con detectives, pañuelos y un asesino intentando incriminar a otra persona. Tengo nostalgia, no sé. Nostalgia del blog, de sentarme a escribir, evadirme, dejarme caer en la ingravidez de mi propia ventana, ahora abierta, de cielo azul y nubes malvas al fondo.


Sí, lo he dejado demasiado tiempo. Primero por esto, luego por aquello, una cosa se suma a la otra y ya estamos en abril. Pero no, a mí aún no me lo han robado. Le he pintado tu rostro, los planes trazados, las palabras que se quedan colgadas en cada semáforo en rojo, los besos que te debo.


No me gustan las despedidas, y este repentino hasta luego se estaba convirtiendo en un tedioso adiós, de los que parece inevitable burlar tras una esquina y una mirada a lo que se deja.


Como de costumbre, le robo los versos a Ismael... la verdad es que te encuentro en casi todo, siempre o casi siempre te encuentro, quizás por eso vuelvo.


Y supongo que sí, que no me va a quedar otra más que volver...


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Suena: Acuérdate de vivir, Ismael Serrano


Desde mi ventana: entra una suave brisa y el cielo blanco se mancha de nubes azules; es la inestabilidad de abril.




NOTA: No sé por qué sale como si tuviera un interlineado de doble espacio, pero bueno, las tecnologías y yo compartimos esa extraña relación amor-odio... Cualquier sugerencia de cómo solucionarlo será debidamente agradecida.