lunes, 26 de julio de 2010

Trenes de ida.

Lo tuve en mis manos, lo sé. Pero una vez más dejé pasar la oportunidad, el momento, la ocasión.

Los malditos trenes, sus andenes, sus estaciones, siempre sucias, siempre ruidosas, siempre llenas de adiós y de reencuentros, de pañuelos blancos que ya no se agitan y de despedidas que se sangran gota a gota, de besos y abrazos ajenos, de lágrimas quién sabe si de felicidad o tristeza...

Me gustan las estaciones de tren, igual que me fascinan los trenes, los autobuses, el vaivén de la carretera, las idas y las vueltas, con los pensamientos que ellas generan... Pero lo que no me gusta, joder, es convertirme en una estación.
Una constante y perenne estación...
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Suena: Sere Nere, Tiziano Ferro
Desde mi ventana: Algeciras.

Te echaría de menos aunque no te conociera...

viernes, 23 de julio de 2010

Arrepentimiento.

Podría decir demasiadas cosas de las que luego me acabaría arrepintiendo, porque las noches en vela sólo traen quebraderos de cabeza...
Es curioso el arrepentimiento, es un sentimiento que siempre me ha llamado la atención. ¿Nos arrepentimos porque verdaderamente sentimos haber hecho tal o cual cosa o nos arrepentimos porque es lo que se espera que hagamos, algo así como un comodín, una carta siempre segura?
¿Y de lo que el corazón siente? ¿Alguien puede arrepentirse de eso...?
Qué bajo estamos cayendo, nos vamos a pique y mucho más rápido que el Titanic...
En fin, dejo aquí unos versos de Bécquer, no son de los más conocidos pero son muy especiales...
Dices que tienes corazón, y sólo
lo dices porque sientes sus latidos;
eso no es corazón..., es una máquina
que al compás que se mueve, hace ruido.
Quien pueda arrepentirse de lo que le dicte su corazón... quizás tenga una máquina bastante ruidosa en el pecho...
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Suena: Tu come stai, Zero Assoluto
Desde mi ventana: pues noche cerrada, qué vamos a hacerle... las estrellas donde se ven bien es lejos de la ciudad...

jueves, 8 de julio de 2010

Los autobuses y su falsa intimidad

Creo que en otra ocasión ya he hablado sobre lo mucho que me gustan los autobuses. Y muy especialmente los autobuses de línea, los que te llevan a un destino distinto, los que duran como mínimo una hora y los que tanta gente detesta. Tienen el don de transmitir esa falsa intimidad en la que uno se siente arropado, protegido.
Y, entonces, se baja la guardia y no queda otra que confesar...
Llevaban ya un buen rato en sus asientos, número treinta y tantos y seguido. Hablaban de cosas triviales y de los planes que tenían para ese día, para esa pequeña escapada a la playa. Del tedio del viaje, de aquello y de lo otro.
-Venga, va, cuéntame algo.
-No sé, ¿qué quieres que te cuente?
-Ya sabes, alguna de esas cosas tontas que tanto nos gustan...
Y cayeron las murallas. Se rompió el lacre de sus labios y fluyeron ríos de palabras. Todas en torno a un pronombre: él. Dos letras, la primera con tilde, por favor. Así, en un instante, en un momento, la eternidad del universo se concentró en ese pronombre. Y los ojos le brillaban, porque siempre le brillaban cuando hablaba de él.
-¿Y tú?
-¿Yo, qué?
-¿No tienes nada que contarme?
-Mi vida es tan monótona...
Pero igualmente caían las murallas, porque siempre había algo que contar. Un comentario, una idea, una fugacidad a veces perdida, a veces encontrada. Y de nuevo él. Otro él, pero las dos mismas letras, el mismo pronombre, la misma tilde y el mismo rasguño a su paso. Y, claro, los ojos también le brillaban, porque siempre brillan cuando se habla de él.
Y después risas, bromas, otra vez trivialidades, otras personas, mirar por la ventana, el sueño, el tedio, y una curiosidad, algo que de pronto pasa por la mente y que vuelve a llevarlas a él, a la omnipresencia del pronombre.
Los pies, por supuesto, encima del asiento, la postura imposible de aguantar más de diez minutos seguidos. Alguna queja, imposible estarse quieta. Y las confidencias surgen como quien no lo quiere, con la grandeza de las cosas pequeñas, las que se deslizan sinuosamente, las que unen de verdad, las que sólo se pueden compartir con una amiga...
-Pufff... estoy deseando llegar ya...
-Y yo...
-No soporto los viajes en autobús, son lo peor.
-Pues a mí me encantan.
-Eso tú... que estás loca...
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Suena: la radio, Cadena 100.
Desde mi ventana: un falso nublado que desprende demasiado calor... viento del Sáhara, dicen.

viernes, 18 de junio de 2010

Labios

Los labios fruncidos.
Sin embargo, no denotaban ni frustración ni ira, no se apretaban con vehemencia el uno contra el otro, ni trataban de seducirse o de perpetrar cualquier otro ataque sorpresa.
Se mantenían en silencio; pero no era un silencio incómodo, tampoco placentero, no seguían ningún guión por la sencilla razón de que se dejaban llevar...
Sí, los labios estaban fruncidos, callados, hasta quizás un poco ausentes, pero los ojos decían tanto, hablaban tanto y se vaciaban de aquella manera que hubiese sido una estupidez permitir que los labios se separasen, que dejasen de yacer el uno con el otro, que enunciaran siquiera un tímido suspiro o un disimulado bostezo...

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Suena: Real love, The Beatles
Desde mi ventana: noche cerrada, literalmente ni una estrella...

martes, 15 de junio de 2010

Un poquitín de fútbol

¿Por qué me gusta el fútbol, y muy especialmente los torneos internacionales?
He aquí una pequeña declaración de principios:


-Porque me encanta darle patadas al balón, regatear, correr y, por supuesto, marcar gol.

-Porque es emocionante ver los partidos y la tensión que se crea entorno al televisor baila al ritmo del corazón palpitando frenéticamente.

-Porque los locutores de radio cuando retransmiten un partido se dejan la piel en ello y se vuelven más originales y divertidos que de costumbre.

-Porque al gritar "GOOOOL, GOOOL, GOOOL, GOOL" expulso todo lo malo, me siento como un guerrero en plena batalla y me libero de los malos presagios.

-Porque cuando marca un jugador, marcamos todos los aficionados.

-Porque sigo sin aclararme con el fuera de juego, pero ya me voy haciendo una idea con el sistema de puntos.

-Porque la celebración de una victoria, aunque a veces haya mucho pirado, es una explosión de alegría, de colorido, de emoción.

-Porque me puedo pintar la cara con los nombres de los jugadores y nadie piensa que estoy loca.

-Porque yo también he cantado "Yo soy español, español, español" y en vez de decirme que desafino, se han sumado a dar berridos.

-Porque de la canción de Shakira sólo entiendo el waka, waka (que, por cierto, creo que en camerunés significa algo así como camina, camina) y "esto es África", pero con eso me basta.

-Porque me estoy oyendo todos los partidos del mundial por internet (Radio Marca los retransmite todos) y se me hace más llevadera esta época de exámenes.

-Porque tengo una lista con las tablas de clasificados y resultados de cada encuentro.

-Porque tengo la esperanza de que la Roja nos dé una alegría.

-Porque siempre me ha gustado Iker Casillas, y este año me he aprendido la alineación entera (bueno, entera, entera no...) pero no soy capaz de retener el temario de los apuntes.

-Porque he agregado a favoritos la página de la FIFA.

-Porque me río con los anuncios de CEPSA y yo también he repasado matemáticas al ritmo de Casillas por Casillas, Casillas; Casillas por Albiol, Albiol... (¿sino cómo iba a aprenderme la alineación jajaja)

-Porque, sencillamente, me gusta.




Hay quien dice que todo esto del Mundial no es más que una tontería.

Nada más y nada menos que once tíos en calzoncillos corriendo detrás de un balón.


Y puede que tengan razón, pero qué vamos a hacerle, desde siempre me han gustado las cosas tontas.
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Suena: Waka, waka, Shakira (Cómo no podía ser de otra forma...)
Desde mi ventana: un cielo espantosamente gris, después de una noche de tormenta aún peor. Aunque bueno, debo reconocer que el mal tiempo es buen aliado para soportar tardes, mañanas y noches de estudio intensivo. Ah sí, la gloriosa vida universitaria...

sábado, 12 de junio de 2010

Ya no camino con los cordones desabrochados


Tengo un par de zapatos que podrían hablar demasiado de mí.
Ayer les cosí los cordones.
Así ya no podrán contar nada.

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Suena: Scivoli di nuovo, Tiziano Ferro
Desde mi ventana: noche cerrada.