Mostrando entradas con la etiqueta Musa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Musa. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de noviembre de 2017

Conversaciones con la Musa.

 Maldita Musa, que vuelves y me llenas el pecho de palabras y te me atraviesas en las cuerdas vocales, y yo me pregunto si es que quieres hacerte un lazo en el pelo, vendarte los ojos o colgarte de mi boca y quedarte así, suspendida en mi garganta. Maldita seas tú y tu estampa, que dejas que me nazcan flores en las entrañas, que se recubran con pétalos estos órganos, pero mis labios siguen sellados. Ni contar la historia me dejas.
  Siento que me van a subir las letras hasta las pupilas, -me ahogo, Musa, ¿no te doy lástima?- y se van a acomodar en el prado de mis ojos y al menor descuido van a barrerlas mis pestañas y cómo las recupero si no puedo nombrarlas, si no puedo pedir auxilio ni correr a salvarlas.
Dime, Musa, háblame tú que no me tienes recorriéndote la sangre y acelerándote el pulso para nada. Explícame, Musa, por qué me das la inspiración y me robas los trazos, y se queda mi libreta tan triste y emborronada que parece cada tachón una ristra de lágrimas…

  Te escucho reírte mientras mi gata duerme.
  Te acercas altiva, me pides que me las gane, que me haga digna de nuevo de mis propias palabras y arrastras las sílabas como si fueran comienzo y no final, como un tambor de batalla. Y esta música -estos acordes tan desafinados- ya la hemos bailado antes, y tantas veces perdí el ritmo que comprendo que no me tiendas tu mano ahora, que te burles y busques el modo en que mis pies tropiezan antes del primer compás.

  Qué mal se nos da esta pista de baile que serpentea los límites de la verdad y la ficción, y cómo se nota, Musa mía, que el vicio siempre es más vicio en las manos de otro que en las mías cuando nos escribo.
__________________________
Suena: Sueños lentos, aviones veloces, IZAL.
Desde mi ventana: es de noche y el frío ha entrado ya, pero la Musa sonríe satisfecha desde el reflejo del cristal.

jueves, 18 de mayo de 2017

Con la dulzura de una nostalgia cogida a tiempo

-¿Te acuerdas -me dirás pausada- de cuando teníamos que correr a buscar en los libros las frases subrayadas, los poemas marcados, las palabras a lápiz y las esquinas dobladas para saber quiénes éramos?
Te escucharé y sonreiré con la dulzura de una nostalgia cogida a tiempo, como cae la tarde cuando nada se espera y todo duele y todo se recuerda. Probablemente me mire las yemas de estos dedos tan acostumbrados a cortarse al pasar las páginas, tan apegados a la herida breve que no se sabe cuándo, pero que, al final, siempre cicatriza. Tamborilearán disimulando sobre una taza de té o un botellín de cerveza. Y cuando la lengua me roce el paladar y la palabra vaya a posarse en mis labios, los tuyos -siempre tan rápidos y tan envenenados- dibujarán un mohín justo antes de callarme para decir:
-Pues esas frases, los poemas marcados, las palabras a lápiz y aquellas esquinas dobladas ya no nos cuentan. Hemos dejado de ser sus historias y no sé si me quedan fuerzas para crear otras nuevas.
Te miraré con el pecho partido en dos, regado puede que en teína o puede que en alcohol.
______________________________
Suena: el tic-tac del reloj, el trino de los pájaros, algunos coches y estas teclas que se arrastran lentas.
Desde mi ventana: el cielo está azul y no hay rastro de nieve en la Sierra.

sábado, 14 de noviembre de 2015