¡Hola, ingrávidos!
Os traigo esta entrevista que me han hecho para Kabudanyaa y en la que comparto mi experiencia como escritora. La idea es que pueda resultar útil y esclarecedora a quienes quieran dedicarse a la escritura. ¡Ojalá anime a aquellos que estén pensando en dar rienda suelta a su imaginación sobre el papel! Los que no, por supuesto, también sois bienvenidos. Ya me diréis qué os parece. ツ
Para leerla, podéis pinchar aquí.
jueves, 19 de enero de 2017
Entrevista para Kabundayaa
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Mi propia ingrávidez,
noticias
jueves, 12 de enero de 2017
Cae la noche
Cae la noche tenue
primero y luego oscura, cae silenciosa y vacía después de haber visto más
estrellas en tus ojos que en el firmamento. Cae esta noche por su propio peso,
por el de toda esa luz que cobijas cuando te ríes, y qué bonita es esa risa
cuando es sincera, y qué lejana se me antoja desde que ya no me esperas. Cae la
noche y estos dedos, lentos y torpes, aporrean las letras y las teclas, y si la
vida es una delgada línea, se empeñan en engrosarla con absurdas
yuxtaposiciones o conjunciones copulativas, y te claman y te nombran y ya no me
esperas.
Cae esta noche
a mis espaldas y la ciudad se viste de feria, titilan sus neones y la fluorescencia
de sus farolas, y yo quisiera ser sombra que se oculta en sus fachadas o puerta
entreabierta que golpea sin cesar, tal es mi insistencia. Cae la noche, bien lo
sabes, y desde tu ventana te asomas a una calle desierta, te asomas despistado
mientras hierve el agua o se hace la verdura a la plancha o te llevas a la boca
cualquier cena.
Cae la noche y el día por fin pasa y, con él, esta
manía de pensarte también se acaba. Cae la noche y yo rendida tan lejos de tu cama.
_______________________________
Suena: el cascabel de Malena.
Desde mi ventana: cae la noche, como no podía ser de otra manera.
domingo, 8 de enero de 2017
Y yo que odiaba los domingos, que eran días de guardar como guardan la tristeza las páginas dobladas de un libro, como guarda el alcohol la copa rota. Yo que los odiaba y los sentía como agujas sin hilo por mi cuerpo, como si me descosieran entera y todos mis órganos se desparramaran. Yo que los odiaba hace tantas vidas y aprendí a quererlos volviendo de noche en un coche vacío, sin más copiloto que las canciones de Ismael y la sensación de que las luces de la ciudad tenían algo de canto de sirena. Yo que aprendí a quererlos con el resentimiento del vencido, pero con la tregua que da la ausencia de guerra. Yo que te nombré tantas veces en domingo y fue en domingo que tus labios me dejaron dos mariposas durmiendo en las mejillas. Qué tendrá el final de la semana que siempre impregna de regusto nostálgico el paladar.
Pero hoy es domingo, como el día que te fuiste. Y en la calle huele a humo y a leña y los domingos vuelven a ser hogar porque por fin regresas.
jueves, 5 de enero de 2017
"Suele suceder con las ausencias que el mundo no se detiene a llorarlas, pero estos ojos han sido embalse y pantano, torrente y río, porque estos ojos se deben a mi vida y no al mundo."
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Tu puerta
Te diría que
el otro día pasé por tu calle y me detuve unos instantes frente a tu puerta
igual que el asesino regresa al lugar del crimen, aunque el cuerpo y la casa
estén fríos, y encuentra cierto placer en ello. Fue un tiempo impreciso y
escaso, como si una capa de casualidad pudiera revestir la premeditación de mis
pasos, estos pies que piden a gritos que les sea devuelta su rutina y su
camino. Fue un tiempo impreciso y escaso, de esos que no llaman la atención ni levantan
sospechas entre los vecinos; ya sabes, pasaba por aquí. Me detuve frente a tu
puerta y a mis dedos les quemaban las yemas y no encontraron el modo de apagar
ese fuego. Podría haber tocado el timbre a sabiendas de que su eco resonaría
por la escalera y ya está, que la puerta no se abriría; podría haber salido
corriendo como los niños que buscan divertirse a costa de cualquiera. Sin
embargo, no hice nada, sólo contemplaba la madera y el edificio desde la otra
acera.
Te diría que
las ventanas estaban cerradas y la persiana en su sitio, como si acaso ese
hubiera sido el motivo de guiar hasta tu calle mis pasos: comprobar que todo
estaba en orden. Luego seguí andando y lo demás, las aceras, las obras y los
comercios, también seguía igual; jodidamente igual. Suele suceder con las
ausencias que el mundo no se detiene a llorarlas, pero estos ojos han sido
embalse y pantano, torrente y río, porque estos ojos se deben a mi vida y no al
mundo. Llegué hasta la fuente y el agua manaba generosa y fría; cortaban la
piel y los labios esa gota torpe prendida en la comisura izquierda de la boca,
ese aire con complejo de cuchillo. Y era tan temprano que pareciera que
habitaba una ciudad fantasma, una ciudad herida sin tu abrazo.
Te diría que
después vino la urgencia de las burocracias a deshacer el hechizo y sus
ficciones, que se impuso al recuerdo nostálgico y a la espera vana de
escucharte pronunciar, entre todas tus palabras y todas nuestras llamadas, ese
verbo que sacude a los amantes, ese que se vuelve acorde rendido y desesperado.
Y sin dejarlo todo, si me lo hubieras dicho, no me habría detenido en tu puerta
el tiempo suficiente para no levantar sospechas, para constatar que tus
ventanas estaban cerradas y que, de toda la ciudad, tu ausencia sólo podía
sentirla yo.
Hacía un frío
del demonio la mañana que pasé por tu calle y volver al lugar del crimen
tampoco pudo reconfortarme.
___________________________Suena: Pasaba por aquí, Luis Eduardo Aute
Desde mi ventana: en el cielo de la noche se adivina alguna estrella y alguna luz en alguna casa.
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domingo, 1 de enero de 2017
Anoche brindaste por los precipicios de alguien sin saberlo.
📷 Cliffs of Moher, Co. Clare, Ireland.
📍Para leer el poema completo: "Carta de amor".
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