jueves, 10 de enero de 2013

Los pozos de la desesperación, el espejo.


 -¿Alguna vez te has mirado en el espejo y no te has reconocido? –preguntó con tal seriedad que el gris del cielo nubló también sus ojos y su semblante.
 -¿Literal o figuradamente? –respondió casi sin prestar atención, removiendo su café.
 -No, no… literal… -se apartó el pelo de la frente- ¿Sabes estas veces que te quedas mirándote tan fijamente que poco a poco tu rostro se va desfigurando? Que las líneas pierden sentido, que la piel se expande… como si fueras a ver lo que hay entre tú y tras de ti, el aire interpuesto…
  Levantó la vista cuando se quebró su voz, las nubes presagiaban tormenta, y una tímida gota de lluvia recorría su mejilla.
  -Claro que me ha pasado. Pero luego despiertas de golpe y te vuelves a encontrar. Me refiero, que es una sensación pasajera, después te encuentras contigo mismo observándote como un idiota y sólo te queda reconocerte.
 -¿Y si no vuelvo a conocerme? ¿Y si me pierdo para siempre?
 Se hizo el silencio. 
 Pero con él, estalló todo lo demás.
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Suena: Black & Blue, Chris Garneau
Desde mi ventana: cafetería, enero, té de vainilla.

sábado, 8 de diciembre de 2012

La cuarta botella.

Este relato podrás encontrarlo en mi próximo libro: Mi propia ingravidez.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Aún quedan árboles verdes en Gran Vía.

Y estamos en noviembre, pero aquí no dice de llover. Y tampoco hace el frío suficiente para arroparse con los recuerdos. Es todo demasiado primavera para empezar a echar de menos. Véndeme un par de ocres y otro tanto de amarillos; añade también alguna que otra hoja crujiendo bajo estos pies que ya no recorren el camino, y los pasos, ahora opacos y vacíos, han dejado de ser carrera tras tu sombra. Aunque haya sol y pocas nubes, aunque esta semana haya amanecido vestida de niebla, y yo tan desnuda en esta estación tan intempestiva.
Nuestros trenes hace tiempo que dieron su último aviso, y ya no hay andén en el que agitar pañuelos blancos; tal vez porque nadie los use. O quizá porque nunca tuvimos una despedida, este otoño se ha vuelto mayo para que sigamos sin merecérnosla; yo, por no haberme ido del todo, tú, por estar solo a medias. Ni siquiera somos el último humo de la realidad que se evapora; aunque al final eso sea lo único que nos quede, frases robadas a filósofos. Puede que mañana me disuelva en tu café, o que te guarde entre las páginas de un libro. Puede que después de tantos años haya que invertir la historia, como si así pudiéramos reajustar cada una de nuestras estaciones perdidas, y nuestros trenes no vuelvan a cruzarse. No sé, que esta vez los pasos a nivel tengan todos barrera, para avisarnos del peligro, para evitar la catástrofe.
Mientras tanto, cuento las hojas de Gran Vía, que puestos a contar, a veces es mucho mejor que contar cuentos. Al menos, todas las hojas acabarán cayéndose. Incluso estas verdes.
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Suena: L'amore si odia, Noemi ft. Fiorella Mannoia
Desde mi ventana: nada de ventanas hoy, la ventanilla del autobús.





Este relato también puedes encontrarlo en mi libro: Mi propia ingravidez.

domingo, 28 de octubre de 2012

sábado, 20 de octubre de 2012

En mitad de la noche.

 Tumbada en la cama, le dio por llorar. No tenía motivos para ello, porque era feliz; y, sin embargo, las lágrimas salieron al encuentro de su rostro, de sus labios, de la barbilla, de la almohada. Tenía el pijama puesto y las sábanas revueltas; no había sido una buena noche. Además, hacía frío. De costado, y en la oscuridad, le dio por adivinar las formas de todas sus sombras, las de dentro y las de fuera, la clásica silla atestada de ropa.

-¿Qué haré cuando llegue el día que me quede sin palabras?

 Nadie estaba ahí para responderle. Y entonces lo supo, sólo tendría silencio. Por eso inventó un idioma entero, para nunca más volver a tener miedo.
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Suena: Walls are tired, Russian Red
Desde mi ventana: noche cerrada, supongo que sigue lloviendo.

sábado, 6 de octubre de 2012

Mentiras.

Este relato podrás encontrarlo en mi próximo libro: Mi propia ingravidez.