jueves, 27 de septiembre de 2018

Este septiembre el mar no es nostalgia de la despedida


            Que alguien me explique esta extrañeza, este sentirme ajena de mí en la piel y las paredes que me son tan conocidas.
            Será que este septiembre el mar no es nostalgia de la despedida, que no se difumina en el retrovisor de mi coche, ni se pierde su olor al subir las ventanillas. Será que trato de invertir las coordenadas de mi añoranza y aprender los colores de las olas ahora que se aproxima el otoño y aquí no hay hojas que crujan bajo mis zapatos. Será que soy consciente de los años y temo que el mar me devuelva todo lo que en él fui enterrando cuando mi presencia era sólo una visita, cuando siempre había, con profunda pena, un billete de vuelta.
            ¡Qué torpeza la nuestra! Como dos amantes que han dejado de esconderse, ahora dormimos pegando espalda y vientre. Pero hay noches, lo confieso, que me despierto sobresaltada por la compañía. Me pregunto si estos huesos de secano se acostumbrarán al abrazo húmedo y salado, a no saber si el oleaje es arrullo que mece mi sueño o vaivén que presagia el mar de fondo…
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Suena: las olas que rompen y me rompen.
Desde mi ventana: el mar.

miércoles, 25 de abril de 2018

Feria del libro de Granada: firmas y Fiesta Esdrújula

¡Hola, ingrávidos!

Con motivo de la FERIA DEL LIBRO de GRANADA, estaré firmando ejemplares de Mi propia ingravidez en la caseta número 39, la de Ediciones Esdrújula. Será tanto el próximo sábado 28 (de 14.00 a 15.00) como el domingo 29 (de 17.30 a 18.30). ¡Espero veros por allí!



Además, el sábado 28 a las 21.00h tendremos la FIESTA ESDRÚJULA en La Tertulia, donde estaré junto con otros compañeros esdrújulos leyendo algunos de mis relatos. Además, habrá música, pintura en directo y otras sorpresas. Si no os lo queréis perder, corred a por vuestras entradas, ¡son limitadas! 


Os dejo toda la información tanto de las firmas como de la fiesta en este enlace.
¡Nos vemos entre libros!

jueves, 8 de febrero de 2018

Soledades


 La soledad es el eco de mis propios ruidos en un piso vacío, la oquedad de las habitaciones frías y la intrusión violenta de esas otras vidas, las de los vecinos. Es también el rumor de un televisor encendido e ignorado mientras preparo algo de comer. O esa falsa compañía de algunas canciones aleatorias que se reproducen en bucle, el modo en que un estribillo asalta los labios y quiebra el silencio. ¡Cómo suena la voz propia cuando ni siquiera una es interlocutora! Esa soledad desangelada de los lugares que todavía no han sido habitados, ¡cómo se evidencia y agrieta a una misma vez! Y, sin embargo, una tarde despierto en el sofá sin ser consciente de cuándo caí rendida y otra mañana abro los ojos en un dormitorio que ya no es tan ajeno ni me provoca sorpresa o desconcierto. De pronto, los armarios han dejado de estar vacíos, los papeles y los libros han invadido toda superficie y hay tazas de té sobre el escritorio y agua hirviendo en la cocina. Entonces, la soledad vuelve a ser lo que era antes de descubrirla como ruidos delatores de mi presencia, y dejo de andar fugitiva de mí misma. Me siento un rato, le escribo y charlamos. Desde una esquina la Musa me mira con la sonrisa callada. Las dos lo sabemos: este piso está empezando a ser casa.
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Suena: algunas canciones aleatorias que se reproducen en bucle.
Desde mi ventana: ha caído la noche y todo es oscuridad sobre un patio de naranjos en Cáceres.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Ciclogénesis explosiva

Ahora que mi ciudad se ha vuelto otoño
y por fin llueve,
y se colman los diarios y las bocas
con la ciclogénesis explosiva,
como si nunca hubieran contemplado
la turbulencia de un derrumbe
-acaso son estas ruinas encharcadas
una mala costumbre sólo mía-,
y revolotean las hojas
y algunas caen sobre estos hombros,
tan encogidos por el frío,
que tiemblan porque es temprano
y el manto húmedo de la noche
nunca supo ser abrigo.

Ahora
-te decía-,
que es diciembre,
las luces serpentean los cielos y las calles,
y el año es el suspiro breve del cansancio,
mi mano derecha,
la misma que garabatea estas líneas,
pasea desnuda sus dedos y se interroga
por el destino del guante blanco,
seguramente ya sucio además de perdido.
¿Quién lo mirará con la desazón que
provocan los guantes y los zapatos de bebé
extraviados sobre las aceras?

Y pese a tanta orfandad y tristeza,
fíjate que lo peor sigue siendo lo siempre:
no saber cómo soportar,
en plena ola de frío,
el calor de mi mano izquierda.
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Suena: la lluvia contra los cristales de la ventana traslúcida.
Desde mi ventana: las primeras palabras me asaltaron caminando por una calle cubierta de hojas marrones y amarillas, el resto fue cosa de la lluvia y, por supuesto, del momento incierto en el que mi guante derecho decidió descubrir el mundo más allá del bolsillo del abrigo.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Biografía

Hoy es uno de esos días tristes en los que una escribe cosas tristes, aunque sea feliz, porque mira por la ventana y el cielo está entre añil y gris, y el humo de las primeras chimeneas se confunde con las nubes y parece que vaya a llover, pero no llueve, aunque la humedad envuelva la calle y la casa, y no se sepa dónde hace más frío: si fuera o dentro, entre los huesos y todas esas posibilidades que la vida dejó colgadas a un roce de los dedos.
Parece que va a llover, pero no.
Y esa frase también parece encerrar dentro de sus palabras toda una biografía.
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Suena: Remember me (OST).

Desde mi ventana: cualquiera diría que va a llover y, ya ves, cualquiera se equivocaría.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Riada

Como aquel asno torpe que muere de inanición estando a una misma distancia de idénticos montones de heno, incapaz de decantarse por uno, así miraba yo a mi pasado y a mi futuro: triste y hambrienta. Uno, recorrido, y otro, promesa, no dejaban de ser riada, lluvia torrencial tardía, y este campo mío, este pobre erial, se desbordaba y yo, impasible, lo miraba. Posaba mis ojos sobre esta tierra igual que si fuera patria ajena, desconocida, pero carente de toda curiosidad o sorpresa. ¿Qué van a contarme estas venas sobre la sangre que llevan, si fue su murmullo el que propagó esta soledad, esta hambre, esta tristeza? ¿Qué sabrán unas lágrimas de todo un mar? Y late el corazón y se seca la boca, y hay preguntas que se quedan sin respuesta.
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Suena: un bolígrafo rasgando el papel, alguien que pasa unos folios y estas teclas que no paran.
Desde mi ventana: esta ventana, traslúcida, hace rato que ya no deja entrar ningún rayo de sol furtivo. En la biblioteca, a estas horas en las que escribo, todo son sillas vacías y me ronda el pensamiento aquel verso de Luis y supongo que, pese a tanta soledad, estoy rodeada de poemas.